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La Navidad es la fiesta de la vida


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

La Navidad es la fiesta donde se celebra la vida. Llegada la plenitud de los tiempos, el Verbo de Dios se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. Jesús mismo dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Ya se ve llegar el final de este año, 2018, el cual nos ha permitido vivir nuevas experiencias, nos hemos enfrentado a diversas situaciones y ahora nos invita a ir perfilando cómo desearíamos terminarlo y, sobre todo, comenzar el próximo porque la vida no se detiene y nos señala el presente y el futuro posible y realizable, el pasado queda en las manos del Dios de Amor.

Concluimos este último trimestre de nuestra revista con una propuesta que hemos ido tratando de profundizar de diversas maneras: el tema de la vida. Nuestros últimos Papas nos han mostrado muchos caminos para vivir adecuadamente el Evangelio. Uno de esos temas sigue siendo el de la cultura de la vida contraria a la cultura de la muerte.

La Navidad nos invita a nosotras, llamadas por nuestro ser de mujer a dar vida, a meditar el Misterio de la Vida del Dios que se abajó hasta el vientre de María, la Madre de Jesús, para estar entre nosotros.

Profundicemos un poco: “Dios, que vive, nos llama a la vida eterna. De un extremo a otro de la Biblia un sentido profundo de la vida en todas sus formas y un sentido muy puro de Dios nos revelan en la vida que el hombre persigue con una esperanza infatigable, un don sagrado en el que Dios hace brillar su misterio y su generosidad”. (Léon-Duffour).

El primer libro de la Biblia tiene el nombre de Génesis que significa origen, principio. El autor quiere compartirnos la reflexión de los siglos, a la luz de Dios, la existencia de la vida en sus múltiples expresiones, que proviene de un Creador, Salvador.

Dejemos que la Palabra de Dios se abra camino dentro de nosotros. El río de agua de la vida, transparente como el cristal, brota cons­tantemente de tu trono, Señor (Ap. 22,1), pues en ti se halla la fuente de toda vida (Sal 36,10).

Todos estamos hechos a imagen y semejanza de tu propia vida (Gén. 1,26). Varón y hembra los creó. Y los bendijo…(Gén.1, 27-28). La vida aparece en las últimas etapas de la creación (el quinto día) para coronarla (Cf. Gén. 1,21).Tú mismo has soplado en nosotros tu aliento vital (Gén. 2,7) y nos has formado en el seno de nuestra madre (Is. 44,24).

San Pablo dice que ha combatido bien el combate. Sí, la vida es combate y nadie lo niega, transcurre entre altas y bajas. Dicho de otra manera nos dice la Biblia: Has puesto en medio de nosotros el árbol de la Vida (Gén. 2,9), y nos ofreces, a nuestra libre elección, el bien y la vida, por una parte, y por la otra, el mal y la muerte (Dt. 30,15).

A lo largo de este año hemos sabido lo que significan esas palabras del Antiguo Testamento que siguen presentes en nuestro hoy y seguirán siempre presentes como elección que nos lleva a la vida.

Tanto en la Iglesia como en la sociedad, en el medio donde vivimos y nos desenvolvemos, hemos tenido ilusiones y desencantos, hemos tenido posibilidades de contribuir al bien común, al bien de todos, o de abstenernos, de no darle importancia a lo que la tiene porque ya estoy cansada de lo mismo con lo mismo, y le dejamos eso a los otros, pero los otros ni se dan por enterados y, por consecuencia, cuando no respondemos con el bien le dejamos el espacio al mal, a lo no hecho o lo mal hecho, a la muerte.

Para celebrar la Navidad como Dios manda, es importante que lleguemos a ella disponibles y tomados de las manos, en comunión; se hace necesario edificar con todos, que nos hace recordar aquella máxima martiana que brota del Evangelio: “Con todos y para el bien de todos”. Nada humano me es indiferente, decía el Papa San Juan Pablo II.

Festejemos la Navidad dando vida, contemplando a Jesús Niño, frágil y necesitando de José y María para que se cumpliera la Voluntad de Dios, permitiendo que el Salvador “creciera y se fortaleciera, se llenara de sabiduría, gozando del favor de Dios”.(Luc. 2,40).

El año termina con la Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Esta fiesta nos invita también a reflexionar y compartir con todos lo importante que es la familia para la vida y su continuidad armónica. La familia brota del matrimonio que es la unión natural entre el hombre y la mujer y por ello dejarán a su padre y a su madre y serán una sola carne. De su unión de amor, nacerán los hijos. En la familia cada persona tiene su lugar y su misión. En familia se defiende la vida y se da vida. La familia comparte con todo el que toque a la puerta o con aquellos con quienes se relaciona cotidianamente. No dejemos de dar gracias a Dios por el don que le ha hecho a la humanidad al crear la institución familiar.

Nos has dado Tu bendición para que crezcamos, nos multipliquemos, llenemos la tierra y la sometamos (Gn 1,28). Por eso nos ordenas que no haya necesitados en medio de los que creemos en ti (Dt 15,4). Quieres que vivamos unidos, compartiendo todo lo que nos has dado, según las necesidades de cada uno (Hch 2,44), de forma que nadie sufra necesidad en medio de nosotros (Hch 4,34).

Celebremos el año que llega con la Fiesta de Santa María Virgen y la Jornada de la Paz.

La vida se sueña, se realiza y se sigue soñando y realizando en el día a día.

¡CELEBREMOS LA NAVIDAD
DÁNDOLE GRACIAS
AL SALVADOR,
ACOJAMOS LAS BENDICIONES
QUE DERRAMARÁ EN EL 2019 Y CONTINUEMOS NUESTRA
MISIÓN DE SEMBRAR LA VIDA
Y DEFENDERLA
EN TODO TIEMPO Y LUGAR!