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Buscar la verdad


Por: Eulalio Sosa


“Cada vez que la ciencia abre una puerta, detrás de ella, siempre está Dios”.
Albert Einstein

Desde hace muchos siglos se nos ha presentado la controversia entre fe y razón. La fe es la manifestación humana de la Gracia que nos viene de Dios, es la mediación entre el mundo espiritual (Reino de Dios) y el mundo humano material donde vivimos. La razón es la certeza material que busca el hombre a través de la ciencia para demostrar una verdad.

En la presentación de la Carta Encíclica Fe y Razón del papa Juan Pablo II se expresa: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo”.

El ser humano es la obra cumbre de la creación de Dios. Él dijo: -“Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”- (Gen 1, 26) -“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”-(Gen 1, 27) y lo dotó “de un espíritu”, haciéndolo un ser tan espiritual como material y es por esa condición espiritual que el hombre -a diferencia del resto de la creación- es capaz de pensar, conocer lo bueno y lo malo del mundo, hacer elecciones, tomar decisiones, buscar la verdad de las cosas, tener la capacidad de amar y de ser amado y de trascender a ese mundo espiritual.

Esta capacidad que Dios ha dado al hombre lo ha hecho un buscador permanente de la verdad. Esa verdad que está más allá de la materialidad del mundo, de lo demostrable, de lo tangible, de la misma ciencia. La razón nos lleva por un camino hacia la verdad material del mismo modo que la fe nos lleva hacia la verdad espiritual, y ambas hacia esa gran verdad absoluta: “Dios existe y nos ama”.

Si Dios nos ama tanto, me preguntaba un amigo, por qué la única opción para ganar el Reino es el sacrificio y la pobreza. Si pensamos así, estamos viendo la vida de un solo lado, del lado de la razón y de su materialidad. Cristo nos dejó un mandamiento: “Amarás a tu Dios y amarás a tu prójimo como a ti mismo”, la clave está en ello: en el amor.

El amor es una cualidad solo de los seres humanos, hechos a imagen de Dios. Es la expresión de nuestra espiritualidad que materializamos en nuestra relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos. Por ello, le dije a mi amigo que la única opción para ganar el cielo es el amor.
v ¿Se puede amar sin conocer a Dios?
Sí, todos los hombres somos obra de Dios, por lo que en nosotros hay un espíritu que nos permite amar y ser amado. Pero desconociendo a Dios desarrollamos solo nuestra materialidad y nuestro amor corre el riesgo de ser un amor material, mundano, que se preocupa más por el tener que por el ser. Se entrega pero no se dona, espera siempre algo de recompensa y de reconocimiento personal.

¿Qué es el amor? Cristo ha inspirado a san Pablo y a través de él nos lo dice en su Primera Carta a los Corintios (1 Cor 13, 4-7): “El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree; todo lo espera; y todo lo soporta”.

El amor tiene la dignidad de seres creados a imagen de Dios. Es humilde pero no humillado; es servicial pero no esclavo; es entrega pero no sumisión; es compasión pero no lástima. Es como la luz que se da ya provenga de un simple fosforo, un potente farol o del mismo Sol. Se ama ciento por ciento a una madre, a un hijo, a un esposo o esposa, a un amigo y hasta un desconocido así como Dios nos ama ciento por ciento a cada uno de los seres creados a su imagen.

El amor es fuente tanto del mundo espiritual como de nuestro mundo material; es el único camino hacia la verdad. Por ello, en un mundo como el nuestro con tanta falta de amor se nos hace muy difícil encontrarla pues muchas veces se halla secuestrada o manipulada por intereses de personas o grupos. Solo la verdad nos hará libres y no hay mayor libertad que vivir en la verdad.

Cristo nos dice en (Jn 14, 6) “Yo soy el Camino, la Vedad y la Vida: nadie va al Padre si no es por mí”. Cristo es la gran Verdad, la gran certeza material y espiritual, solo a través de Él caminamos hacia la Vida Eterna, al encuentro del Padre en el Reino de Dios.

Muchos son los descubrimientos donde Dios se nos presenta y sale al encuentro. Para algunos se halla escondido; para otros ausente, pero para nosotros los creyentes está ahí, muy presente. Cuando estudiamos la Teoría del Big Bang, a muchos como a mí, nos parece, que estamos leyendo el Capítulo 1 del Génesis.

Los estudios del Genoma Humano y del ADN Mitocondrial han llevado a la conclusión que toda la humanidad procede de una única pareja humana. La evolución de la especies nos habla, como en la Biblia, que la vida primero se originó en el mar, pasó a la tierra y alcanzó su cumbre en el ser humano. Así, a través de la historia reconocemos que muchos de los descubrimientos de las ciencias en la búsqueda de la verdad, nos acercan más a Dios.