La vacunación, historias y mitos
Por: Dr. Rodolfo Romero
Los primitivos habitantes de América padecían numerosas enfermedades infecciosas como parasitosis, pelagra, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, síndromes diarreicos y otras. Al llegar los europeos a las tierras americanas agregaron la tuberculosis, la viruela y el tifus exantemático y los africanos la lepra, diferentes filariasis y ciertas afecciones de la piel por solo citar algunas. En los primeros siglos después de la conquista llegan a Cuba casi todas las epidemias procedentes de Centroamérica, Suramérica y España y en época posterior de los Estados Unidos. En 1520 aparece por primera vez en Cuba la viruela introducida desde La Española y en 1649 la fiebre amarilla desde Yucatán.
Edward Jenner fue un afamado investigador, médico rural y poeta inglés. Su descubrimiento de la vacuna antivariólica tuvo trascendencia definitoria para combatir la viruela, enfermedad que se había convertido en una terrible epidemia en varios continentes. Él se percató de que las personas que ordeñaban las vacas que padecían de una viruela leve no sufrían de viruela grave, e inoculó a un joven con líquido extraído de las pústulas de la mano de una ordeñadora y el joven no enfermó al producirse dicha inmunidad a partir de una enfermedad de las vacas. A este proceder se le llamó vacunación.
Resulta importante destacar que durante los siglos XVI, XVII y primera década del XVIII son los Cabildos o Ayuntamientos y la Iglesia Católica, a falta de otros organismos propios de la salud pública, los encargados de tomar medidas sanitarias contra enfermedades infecciosas y el ingreso y curación de enfermos en hospitales de caridad. El Dr. Tomás Romay, distinguido médico cubano, es recordado fundamentalmente, por haber difundido la vacunación antivariólica.
Al paso de los siglos se fueron produciendo más vacunas a partir de extractos de sueros de enfermos o actualmente por biotecnología, lo cual permite que en la actualidad millones de seres humanos vivan libres de enfermedades que diezmaban a los pueblos en las grandes epidemias del pasado.
En los últimos años algunos trabajos han tratado de relacionar la vacunación con la aparición de autismo infantil, información que ha sido desmentida por las grandes revistas científicas de nuestro tiempo que han aclarado lo infundado de ese planteamiento y el avance inconmensurable logrado con la introducción de un número de vacunas protectoras, para un sinnúmero de enfermedades.
Por tanto, cuando le hablen de vacuna y autismo diga que el mayor autismo de nuestra época es el periodo que dejamos a nuestros hijos frente a los dispositivos electrónicos sin dosificar el tiempo que los usan. Como padres, estimulemos las relaciones sociales y afectivas, así evitaremos el ¨autismo tecnológico¨.