Navidad es el tiempo de salir a buscar al Niño Jesús
Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)
Casi al terminar el mes de septiembre, una joven, de apenas dieciséis años, Greta Thunberg, viniendo del otro lado del mundo nos sacudió con un llamado de atención a toda la humanidad frente a la realidad del cambio climático. Adolescente aún, esa criatura descubrió el peligro que corremos. Habitada por un sensible valor de la vida, ha elevado su clamor a los grandes de este mundo en las Naciones Unidas para que no permitan que se reduzca a la nada la Creación que hemos heredado (de Dios, ¡por supuesto!). Ella con su simple testimonio ha movido millones de personas, especialmente adolescentes y jóvenes, que como ella quieren que les dejemos un mundo habitable y perdurable. Greta Thunberg viene a recordarnos ese primer deseo de Dios al entregarnos el regalo de la Creación, cuiden de ella, embellézcanla, que va aparejado a crezcan y multiplíquense.
Pero no todo el mundo conoce quién es Greta. Cuando hablé de ella y de la impresión tan grande que me provocó su mensaje “de salvación” para la humanidad, me sorprendió que muchos no la conocieran o no prestaran atención cuando se habló sobre ella.
Hace más de dos mil años, un pequeño niño nació en Belén de Judá de una joven madre. Los ángeles anunciaron la noticia a los sencillos pastores; ellos la acogieron y fueron a ver si era verdad lo que les habían dicho. Salieron pues y encontraron a un niño, como otro niño cualquiera, envuelto en pañales pero ellos vieron más allá, descubrieron a Jesús, el enviado del Padre. Dios siempre sabe lo que hace.
No buscó a los grandes de la época, al contrario, llamó a los pequeños para revelarles la mayor Buena Nueva que podemos recibir: ha nacido un Mesías, un Salvador para decirnos que somos amados por Dios, como nadie lo puede hacer por mucho que nos ame. No hay amor comparable al gran Amor que Dios nos tiene a todos. Cuando reconocemos el Amor de Dios manifestado en Jesús, en ese encuentro incomparable, todo cambia. Al reconocer a Jesús, el Hijo Amado del Padre, nuestra vida cambia y poco a poco nuestro ser y hacer se transforma y no podemos callar lo que hemos visto y oído: brota el compromiso. Salimos a decirlo a todos aquellos que vamos encontrando al caminar día tras día por las calles de la vida. Entonces, podemos escoger ser ángeles que anuncian o pastores que acogen y comparten o con mayor disposición ser ángeles y pastores.
Este año ha transcurrido entre vivencias alegres y tristes. Algunas nos sorprendieron y afectaron como los desastres naturales, sin contar las situaciones económicas difíciles que han aumentado los miedos y las zozobras del vivir diario, que vienen queriendo desestabilizar presente y futuro próximo. Sin embargo, hasta las situaciones más duras nos han enseñado la presencia del Dios de la Vida. Dios no abandona a su pueblo, a sus hijos. Hemos visto también a muchas personas que tendieron manos sin mirar a quién, sin calcular peligros, ni tiempos. Hemos encontrado a nuestro paso vidas habitadas por un gran corazón, a los que nada ni nadie los detiene. Quieren construir un mundo mejor, más humano y no esperan por otros, hacen su parte.
También hemos recibido buenas noticias. Podemos releer lo bueno vivido personalmente, en familia, como Iglesia y hasta en la sociedad. Sin olvidar que estamos preparándonos para celebrar los 500 años de la fundación de nuestra ciudad de La Habana. Nuestra Iglesia declaró un Año Jubilar, es decir, de acción de gracias por el bien vivido, de perdón por lo que se omitió o no se vivió como Dios manda; es un tiempo de gozo y de bendiciones.
Y llega la Navidad en medio de todo ello y Jesús nos sale nuevamente al encuentro con su Mensaje de Paz y nos repite: “No teman, yo estoy con ustedes hasta el fin de los tiempos. No se cae ningún cabello de su cabeza que no lo sepa mi Padre. El da de comer a las aves del cielo y viste de color los lirios del campo.
Les propongo que cuando cantemos en esta Navidad “Noche de Paz” oremos por todo lo que hemos vivido en este año de manera personal, en familias y como pueblo. Cuando sigamos cantando y digamos: “Noche de Amor”, pidamos al Niño Jesús que nos dé su Ternura para compartirla con todos los que encontremos a lo largo del año 2020. Qué María, su Madre, nos cante con su voz angelical esa canción de cuna con la que dormía al Niño Dios y nos enseñe a cantarla. Cuando meditemos el Misterio del Nacimiento del Niño, no dejemos de presentar a todos los niños de nuestro mundo, a los adolescentes, a los jóvenes. Cuando meditemos sobre la vida de Jesús, María y José, la Sagrada Familia, pongamos a sus pies a las familias de nuestro mundo, la gran familia de Nosotras. Y cuando finalmente oremos por nuestro pueblo le cantemos: “Llena la tierra la paz del Señor, llena las almas de la gracia de Dios porque nació el Redentor.
NAVIDAD ES TIEMPO DE SALIDA,
DE ENCUENTRO,
TIEMPO DE DESCUBRIR A DIOS
PRESENTE EN EL CORAZÓN
DE SUS HIJOS, Y REVELARLES QUE SON AMADOS POR ÉL.