Curiosidades Cubanas
-1506-1509
Sebastián de Ocampo encuentra un puerto seguro en el que hay mineral asfáltico. Este puerto recibe el nombre de Puerto de Carena; allí, diez años después, se establece la villa de San Cristóbal de La Habana.
-1514
25 de julio. Se funda la villa San Cristóbal de La Habana en la costa sur. Su fundador fue Pánfilo de Narváez. Se supone que fue a orillas de un río llamado Onicagical. Este hecho ocurrió, según documentos de la época, el día de san Cristóbal pero por ser este día también el de Santiago Apóstol, un indulto especial de la silla apostólica autorizó a que se celebrara el 16 de noviembre san Cristóbal.
-1519
16 de noviembre. Funda Diego Velázquez la villa de San Cristóbal de La Habana. Este fue el asentamiento formal de la villa. Allí se celebró la primera misa a san Cristóbal, Patrón de la ciudad.
-1592
20 de abril. Felipe II confiere a La Habana el título de ciudad. Encarga a los monarcas que lo sucedan que amparen y guarden las gracias y privilegios de la ciudad de San Cristóbal de La Habana.
Sociedad
Por: Celia Polledo
Muchas veces hemos oído opiniones desfavorables sobre algo o alguien en las que se resaltan sus aspectos negativos; estos juicios nos llevan a rechazar aquello que no dominamos plenamente ni tenemos elementos suficientes para emitir una valoración. Como tendencia, el prejuzgar está presente en el ser humano pues en gran medida se tiende a hacer suposiciones sobre aquello que no se conoce con exactitud o se le teme.
El prejuicio tiene un amplio espectro pues entre sus motivos se encuentran, entre otros, aspectos raciales, políticos, religiosos y de género. Generalmente, estas aprensiones las heredamos de nuestro ámbito familiar que a su vez lo recibieron del suyo, creándose así una cadena de opiniones desfavorables y en gran medida infundadas. Arremetemos como verdugos contra individuos exaltando sus aspectos negativos, ridiculizándolos, escudriñando el defecto o el error con vistas a pregonarlo. ¿Y qué ganamos con ello? Empañar la imagen, crear estereotipos, denigrar y vituperar al prójimo. El prejuicio discrimina, lacera puesto que la persona que prejuzga se siente superior y no es empática, propiciando con ello el sufrimiento, la depresión, la ira y, el aislamiento social.
En Mateo 7(1,2) encontramos una sentencia que nos puede ayudar a discernir sobre este tema: “No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes. Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes”
La educación debe ser una vía que contribuya a la eliminación de ese flagelo que daña al otro y que es altamente nocivo; la familia tiene la obligación de trabajar a favor de este propósito.
Antes de enjuiciar recuerda que no somos perfectos.