Recordar es volver a vivir
Por: Carida Zayas
Los recuerdos son una forma de aferrarte a las cosas que amas,
a las cosas que eres, a lo que no quieres perder.
Anónimo.
Cuántas veces en nuestra vida hemos escuchado la frase: “recordar es volver a vivir” y también en cuántas ocasiones la hemos pronunciado con nostalgia, pues con nuestros recuerdos realizamos un recorrido al pasado y nos encontramos con nosotros mismos a lo largo de nuestra existencia.
A través de la memoria nos llegan los recuerdos, informaciones almacenadas, guardadas, que arriban al presente y siempre nos provocan emociones. Ello me ocurre, por ejemplo, cuando ya entrada la noche camino por las calles Misión y Factoría en La Habana Vieja y veo a niños del barrio jugando en esa esquina cualquier día de la semana. Entonces viene a mi mente el recuerdo de un establecimiento que se hallaba en ese sitio.
Los pequeños de aquel entonces le llamábamos “El Café Ramón” pues ese era el nombre del dueño, un español callado y querido por los pobladores de la zona.
Esa instalación era muy importante para los niños de mi familia pues allí vendían todo tipo de golosinas: caramelos, bombones, peters, galletitas de diversos tipos, entre otras chucherías. Todo ello se exhibía en una larga y ancha vitrina. Los precios eran variados pero alcanzables para cualquier bolsillo. También vendían helados, refrescos, maltas, café, leche y otros productos.
Comprar todo lo que deseáramos los fines de semana era una especie de premio familiar si cumplíamos cabalmente con los deberes escolares y las normas de comportamiento. Todos nos esforzábamos por alcanzar la meta aunque a veces no lo lográbamos.
Recuerdo además que los sábados, los amigos de mi abuelo se encontraban en el “Café Ramón” para dialogar y leer periódicos. Luego, al mediodía, llegaban a nuestra casa y conversaban con la familia y, finalmente, con nosotros, los pequeños. Me gustaba escucharlos porque, después lo comprendí, siempre había en esas charlas cariñosas un mensaje positivo, una moraleja, una historia importante. Indudablemente, todo ello contribuyó a mi formación y enriquecimiento como ser humano.
Siempre me resulta gratificante rememorar vivencias de mi infancia pues estas han sido para mí fuente de aprendizaje.
El paso del tiempo me ayudó a comprender que somos, en gran medida, un producto de aquello que nos enseñaron, de cómo nos moldearon. Por ello le concedo un gran valor a la educación de los niños. Ello resulta vital.
El tener tiempo para los más pequeños de la casa y proporcionarles una enseñanza adecuada debe ser una exigencia que contribuirá, en gran medida, junto con la calidad de la instrucción recibida en la escuela a la construcción de una sociedad mejor.