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MUJERES FAMOSAS DE CHILE



Por: Jesús Bayo Mayor, fms


Desde Chile presento un conjunto de mujeres famosas de ese país seleccionadas a partir de tres aspectos relevantes: la fe católica, la literatura y la música, las ciencias médicas y jurídicas. Se muestran dos mujeres relevantes de cada ámbito, por lo cual quedan fuera muchas que vivieron en esta angosta y larga faja de tierra.

I. ÁMBITO DE LA FE CATÓLICA

Juana Fernández Solar nació el 13 de julio de 1900 en Santiago de Chile en el seno de una familia acomodada. Su nombre de bautismo es Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones, pero en su familia le llamaron Juanita. Ese largo nombre bautismal se explica porque en ese tiempo se acostumbraba señalar varios santos protectores añadidos al elegido por los padres.

Santa Teresa de los Andes (1900-1920)

Después de realizar sus estudios secundarios y discernir cuál sería su vocación, decidió a los diecinueve años ingresar al monasterio de Carmelitas Descalzas existente en la ciudad de Los Andes, diócesis de San Felipe. Tomó el hábito religioso y recibió el nombre de Teresa de Jesús el 14 de octubre de 1919. Hizo la profesión religiosa al año siguiente. Murió con fama de santidad el 12 de abril de 1920.

Fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II el 3 de abril de 1987 en Santiago de Chile, durante la visita pastoral que realizó al país. Se hizo famosa la frase que repitió el papa durante aquella ceremonia interrumpida por los disturbios: “El amor es más fuerte”. El mismo Papa la canonizó en la basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, el día 21 de marzo de 1993.

Teresita de los Andes se convirtió en la primera chilena elevada a los altares y en la cuarta santa carmelita con el nombre de Teresa, precedida por Teresa de Ávila, de Florencia y de Lisieux y sucedida por Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) canonizada en 1998. En la Iglesia universal se celebra la fiesta litúrgica de Santa Teresita de los Andes el 13 de julio.

A pesar de morir tan joven en- claustrada en un monasterio, es un modelo para muchos que la admiran por su radicalidad y entrega generosa a Dios. El santuario de Auco que se erigió en su honor es un centro de peregrinaciones donde acuden personas desde todas las ciudades de Chile. Cada año se realiza una marcha de Santiago hasta el santuario en la que participan numerosos jóvenes.

Juana Ross Edwards (1830-1913)

Nació en la ciudad de La Serena y murió en Valparaíso. Vivió en el seno de una familia numerosa donde ella y sus nueve hermanos adquirieron una esmerada educación. Su padre fue cónsul de Escocia en Chile y su madre pertenecía a una familia acomodada.

Juana Ross se casó con un hermano de su madre, Agustín Edwards, quien fundó el banco homónimo. A pesar de sus riquezas, el matrimonio creía en el ahorro como virtud y decidieron vivir austeramente. De la unión de Juana y Agustín nacieron ocho hijos pero todos, incluyendo a su esposo, fallecieron antes que ella. Por ese motivo llegó a poseer una gran fortuna que pudo administrar por medio de su hermano Agustín Ross, convertido en su albacea, puesto que las leyes de aquellos tiempos no permitían a las mujeres administrar directamente sus bienes.

A pesar de su riqueza, decidió llevar una vida sencilla y convertirse en benefactora de la gente pobre movida por su fe cristiana. Había sido impactada por la encíclica social Rerum novarum (1891) de León XIII y decidió favorecer a los obreros. En consecuencia, construyó y mantuvo las siguientes obras sociales: tres hospitales, seis asilos, un hospicio, un orfanato, numerosas escuelas básicas, muchas iglesias y viviendas para favorecer a la clase obrera y a los más necesitados.

Su ejemplo fue seguido por muchas personas, sensibilizadas con la doctrina social de la Iglesia, que durante el siglo XX se destacaron en Chile por ayudar a los más pobres. Entre ellas están: san Alberto Hurtado, Elisa Valdés Ossa, Rosa Fernández Concha, los obispos Manuel Larraín y Enrique Alvear (Siervo de Dios), los sacerdotes Fernando Vives, José Aldunate, Alfonso Baeza, Segundo Galilea, Mariano Puga, entre otros. Ello nos permite entender la importancia que la Iglesia en Chile dio y sigue dando a la pastoral social y obrera.