NOSOTRAS Y EL SÍNODO DE LA SINODALIDAD
Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c
Ya está a las puertas el Sínodo de los Obispos que tendrá lugar del 4 al 29 de octubre de 2023.
En el Vaticano se celebrará la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicada al tema de La Sinodalidad, bajo el título ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’. Recordemos que desde el 2021 se comenzó a trabajar el Sínodo a diferentes niveles: comunitario, diocesano, nacional e intercontinental hasta llegar al Vaticano. A nivel local, pudimos participar y ello nos dejó un buen espíritu para continuar viviendo nuestra fe y nuestra misión en la Iglesia y en medio de nuestro pueblo.
El papa Francisco quiere que toda la Iglesia reflexione sobre la Sinodalidad, tema que él considera decisivo para la vida y la misión de la Iglesia. Él señaló: “El camino de la Sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya se halla en el propio contenido de la palabra ‘Sínodo’: Caminar juntos –laicos, pastores, Obispo de Roma– es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”. Y añadió: “Estoy convencido de que, en una Iglesia sinodal, también el ejercicio del primado Petrino podrá recibir mayor luz, la del Espíritu Santo a través de todos.”
Díganme si no es una propuesta osada vernos caminando como Jesús quiere: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20–23).
CAMINAR JUNTOS, no es caminar por caminar, es un caminar cons- ciente; es ir juntos no solo con los de la misma fe; va más allá, pues qué mérito tendría si escogemos solo para caminar a los que pien- san igual a nosotros. Caminar también con los otros y lo grande sería que dialogando encontremos los objetivos comunes para formar una civilización del Amor. Porque en el fondo de la Sinodalidad está el mandamiento de amar a Dios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. “Éste es el primero y gran mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37–39).
No podemos contentarnos con amar a los que piensen y actúen como yo lo hago. El reto está en las Palabras de Jesús a los Apóstoles. “Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros; como yo los he amado, así también ámense los unos a los otros. Su amor mutuo será el distintivo por el que todo el mundo los reconocerá como discípulos míos”. (Juan 13, 34-35).
Pero cuando dijo: “Amen a sus enemigos”, ahí sí Jesús lanzó el gran reto del estilo sinodal. “Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los ultrajan y los persiguen” (Mateo 5:43–44).
¡Ahora sí, que Jesús subió el nivel! Es el desafío de la felicidad. ¡Qué bueno es poner la cabeza en la almohada sabiendo que no caminanos solos en esta vida! ¡Qué paz nos da cuando hemos zanjado historias imperdonables! Entonces, Sinodalidad es caminar juntos desde el amor. La decisión es la de amar como Jesús nos enseñó, hasta llegar a decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Es ese el mejor camino.
El Papa Francisco nos invita a reflexionar en la Sinodalidad. Esta debe servirnos de modelo. Qué diferente sería mirar el mundo, las personas, las situaciones desde este prisma. ¿No les cansa escuchar el lenguaje contrario a la Sinodalidad, el lenguaje de ordeno y mando? ¿No les cansa el lenguaje excluyente?
En la actualidad, observamos cómo las personas que se acercan a nuestros templos buscan otro lenguaje y otras vivencias. Cuando escuchan la Palabra de Dios, se acrecienta, en muchos casos, el deseo de oírla repetidas veces pues en ella se encierra lo diferente. Es la sed de transitar caminos de amor, de paz, de verdad, de encontrar personas que como ellas estén en búsqueda de algo más. Sabemos que la respuesta, es la del Amor de Dios, el único que puede llenarnos las entrañas de amor fraterno, misericordioso y reconciliador.
Y nosotras, ¿cómo participaremos en este Sínodo? En las tres líneas de fuerza tenemos la respuesta:
COMUNIÓN: En este tiempo donde se nos escapa la vida por el luchar de cada día estamos invitadas a vivir la Comunión con nuestra Iglesia Universal, a sentir con, a orar con, a amar con y agrandar nuestros corazones para abarcar a los que aún no están.
PARTICIPACIÓN: Cuando somos instrumento de reconciliación en nuestras casas y en nuestro entorno. Cuando cuidamos de la salud, evitando un mayor estrés. El camino comienza en la casa familiar, se continúa en la comunidad, en la sociedad y se extiende al mundo entero que necesita mucho de nosotras.
MISIÓN: La Sinodalidad se convierte en un estilo de vida mejor, que puede dar respuesta a las ansias de nuestro pueblo. No nos podemos quedar encerrados en los muros de nuestros templos. Debemos darle un nuevo impulso a nuestras familias, a nuestras amistades, vecinos, a todos con quienes nos relacionamos en el bregar de cada día. Nuestra presencia debe dar esperanza a todos “los árboles caídos” por el peso de los imposibles por resolver.
En la educación familiar se nos decía: en la vida encontrarán muchos caminos, pero hay que aprender a escoger el mejor para que triunfen; para que nunca se les cierren las puertas; para que los demás puedan confiar en ustedes. Y recalcaban: para que sean hombres y mujeres de bien. Qué sabios los consejos de nuestros mayores. Lo que nos querían trasmitir eran los valores que construyen y edifican una Iglesia y una sociedad mejor donde todos quepamos y donde nuestra palabra valga tanto como lo merece.
Invitemos a la Virgen María a caminar siempre junto a nosotras. Pidámosle frutos para nuestro Sínodo.