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LA HORA ES AHORA

Por: Antonio Miguel Fontela

                                                             Hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo.

                                                                                                                                                      Eclesiastés 3,1.

El sollozo ante un suspenso y la decisión de abandonar unos estudios que con tanta ilusión comenzaron promueven la redacción del presente artículo, porque son las dos situaciones más dolorosas que atraviesan numerosos alumnos del sistema superior de enseñanza. A ellos va dirigido.

Es propio de la juventud prepararse para ser útil a la sociedad. Este es su período de trepada. No obstante, estudiar es una tarea ardua, aunque se tengan las condiciones idóneas para hacerlo. Asistir a clases, atender a las explicaciones del profesor, tomar notas y dedicar miles de horas al trabajo de mesa es en verdad un empeño agotador.

Con el ascenso en el nivel escolar, se incrementan los contenidos de las asignaturas a vencer, las dificultades en la comprensión de los tópicos impartidos y las exigencias en los exámenes. Por tal motivo, en la Enseñanza Superior aumentan bruscamente las horas que deben dedicarse al estudio colectivo e individual comparadas con las de las enseñanzas media y media superior.

Si a lo dicho se agrega el tránsito de la nación por un período espinoso, con un final indeterminado -cuyo inicio es también confuso-, el cual está repleto de separaciones familiares, carencias, incomodidades en el transporte, deficientes condiciones de vida en las becas, apagones, colas, mala alimentación y otros aspectos, entonces el brío necesario para concluir exitosamente una carrera universitaria o cualquier especialidad de la Educación Técnica y Profesional se multiplica.

Sin embargo, el estudiantado tiene que tener muy presente que, a pesar de las filosas aristas de su bregar diario, el alto nivel de exigencia en los exámenes permanece invariable, porque si desapareciera, sucumbiría también la enseñanza superior. La familia por su parte, núcleo insustituible, que constituye el sostén fundamental del escolar, se ve precisada a adquirir los dispositivos técnicos y tecnológicos contemporáneos necesarios para el aprendizaje: teléfono móvil, conexión a Internet con precios Etecsa, computadora o laptop y calculadora científica.

Sin omitir esos otros insumos inseparables del proceso de enseñanza como son libretas, portaminas, minas de determinado calibre, goma de borrar, papel, bolígrafo, marcadores, presillas y todo el conjunto de ar- tículos, actualmente escaso y costoso, llamado material de oficina.

Corre por cuenta de los padres, la merienda y el almuerzo de los estudiantes aunque sus muchachos estén becados y hasta los alimentos menos elaborados, como pueden serlo las pizzas y los helados, alcanzan cifras propias de la escala cósmica.

Igualmente corresponde a los progenitores abonar el transporte diario, cuyos precios vuelan desde 2 hasta decenas de ceupés en un solo sentido de traslación. ¿Qué comentar del calzado y de la ropa?

En la actualidad, el importe colateral de la educación es prohibitivo, especialmente para los trabajadores estatales, quienes viven exclusivamente de una escala salarial más congelada que el agua en el Polo Norte, y tienen que acudir al mercado negro, mipymes, y a la red de tiendas en MLC, donde se desorbitan los precios de unos productos que presentan media o baja calidad, con importes muy superiores a sus mensualidades.

No obstante, por deplorable que sea el ahora, los jóvenes no deben perder de vista el ingente sacrificio de sus familiares en favor de la superación, y ello les debe servir de aguijón para enfrentar con arrojo el cúmulo de contrariedades que encuentren en el camino de estudiante.

Quien escribe, ve con pesar que muchos no perciben con nitidez las ventajas de poseer el sostén de una familia que cubra sus necesidades vitales y recibir lecciones de un profesor competente. Olvidan con demasiada frecuencia que las opor tunidades no son eternas.

Asimismo, cada alumno debe tener bien claro que es ahora o nunca cuando puede estudiar. Este es el momento -no mañana, no pasado, menos aún el año que viene-, debido en esencia a cuatro razones cardinales.

La primera: la docencia es gratuita de modo directo, no tiene que pagar las clases que recibe. La segunda: posee una familia que lo respalda espiritual y materialmente. La tercera: no lleva sobre sus hombros otras obligaciones que lo aparten de su tarea principal. La cuarta y no por ser la última es menos trascendente: la juventud tiene fecha de venci-miento.

Quizás doblegados por la tribulación de hoy derrochan este plazo único que les brinda la vida, ciertamente irrepetible. En diversas ocasiones, sin una justificación plausible, no van a clases ni estudian sistemáticamente, y solo abren sus textos el día antes del examen. Se debe reconocer que no solo la penuria presente obstaculiza la asistencia a clases y el estudio sistemático de los futuros profesionales, también les atascan las numerosas actividades políticas orientadas por los centros universitarios, el Ministerio de Educación Superior y las organizaciones de masas a las que deben acudir.

Del mismo modo, atenta contra el tiempo de estudio dedicado a los tópicos fundamentales de la carrera, la inclusión en los planes académicos de asignaturas ideológicas y castrenses, ajenas desde todo punto de vista a la especialidad cursada.

Por otro lado, no son pocos quienes se ausentan de las aulas por participar en los encuentros deportivos inter facultades. Dichas actividades, las cuales se desarrollan en horario lectivo, favorecen el ausentismo y también sustraen horas de estudio independiente, no obstante, aunque esas ausencias se consideren justificadas, nada subsana el conocimiento que el alumno dejó de recibir.

Pese a que el festival se desarrolla en horario de clases, al educando le conviene tomar parte activa en cualquiera de las disciplinas deportivas, porque de este modo aumenta el puntaje de su integralidad estudiantil; aspecto este que se tiene en cuenta al final de la carrera y es necesario para una mejor ubicación laboral. Son lejanos aquellos años en que los Juegos Universitarios Caribe se efectuaban en el horario nocturno para no afectar el proceso docente.

A la misma gran distancia se localizan las reuniones políticas realizadas fuera del horario de clases.

Desgraciadamente, poco importan los motivos, los tiempos han cambiado para mal, es indiscutible pero la consecuencia no puede ser el fracaso del estudiante. Los decisores tienen que repensar la dinámica de la enseñanza bajo las condiciones de hoy, no de ayer, y reajustarla sin reducir el contenido, la calidad y la exigencia.

Actuar como el avestruz o fijar la vista en el fragmento más apacible del paisaje nacional, como hacen algunos dirigentes de la educación, no resuelven los problemas que enfrenta el colegial como tampoco lo disipa el llanto ni el abandono de los estudios.

Sin embargo, sí lo agrava repetir, porque ilusiona a los educandos, que todo marcha bien con algunas dificultades y prometer, hasta el hastío, la llegada, en fecha aún por precisar, de un futuro luminoso que no tiene basamento lógico ni económico.

Joven, no lo dudes: la hora es ahora