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Las personas referentes en la vida


Por: José Enrique Collazo.

Los santos son los mayores genios, porque, han alcanzado
la adhesión perfecta del pensamiento a la vida.
Pascual Foresi


En estos tiempos las nuevas generaciones viven muy a la carrera, la vida de la gran familia en la cual los mayores eran ejemplos y consejeros se ha perdido bastante, ni decir de la incertidumbre de no pocos que piensan en la salida del país para hacer su vida.

En la Iglesia Católica, la Virgen María y las santas fueron ‘referentes’ para jóvenes y adultas en otros tiempos. Por ello, pienso que hoy conviene tocar el tema de a quién tomar como ejemplo. El asunto vale para las abuelas, las tías, las madres, las adolescentes y las jóvenes.

El término “referente” del diccionario expresa: relación a una persona o cosa. Ampliemos con ‘referencia’: relación, dependencia o semejanza de una cosa respecto a otra.

En la formulación actual se pueden considerar ‘referentes o íconos’ a esas personas o cosas con las que entramos en contacto de diversas formas, ejemplos: un profesor, un escritor, libros o publicaciones que ejercen influencia en nuestro modo de ver y pensar.

La familia es el núcleo básico de la sociedad y como todo grupo social se encuentra entrelazada por roles y posiciones que demarcan el comportamiento del individuo. Cada miembro de la familia ejerce diferentes roles o papeles que van cambiando de acuerdo al ciclo de vida de cada individuo. Por lo que revitalizar la responsabilidad de ‘ejercer’ el rol que me corresponde es importante como lo es también que los adolescentes y los jóvenes sepan apreciar los valores de sus mayores.

Recuerdo cuando era joven el respeto a los tíos y a las tías, a los abuelos y a las abuelas, a los padres. En una familia grande algunos tíos eran re- ferentes para los sobrinos. La educación de cada persona tiene un componente indispensable en la empatía y credibilidad que exista entre los miembros de la familia.

Hoy, las redes, las novelas, los seriales, las películas explotan al máximo ‘imágenes’ de la vida muy dramáticas para atraer la atención. Estos medios influencian pasivamente a las personas que no saben depurar lo que les brindan.

Tal vez, las santas de la Iglesia no sean atractivas para la juventud de estos tiempos, sin embargo, hay santas y beatas modernas que son más cercanas a las mujeres de ahora. Por ello, presento a dos laicas beatificadas en este siglo las cuales vale la pena estudiar para conocer cuánto pueden aportar a la formación personal. Son ellas: Guadalupe Ortiz de Landázuri y Concepción Cabrera de Armida.

Guadalupe Ortiz de Landázuri na- ció en Madrid, el 12 de diciembre de 1916 y falleció en Pamplona, el 16 de julio en 1975. Licenciada, profesora, Doctora en Ciencias Químicas es la primera laica del Opus Dei en subir a los altares. Llegó a la Ciudad de México el 6 de marzo de 1950 a llevar el mensaje del Opus Dei, ayudando a los mexicanos. Creó una residencia de estudiantes llamada Copenhague que con los años se convertiría en la residencia Universitaria Latinoamericana dirigida por personas del Opus Dei y una escuela rural llamada Montefalco donde enseñaban a leer, escribir y cultivar el campo, entre otras cosas. En 1956 deja México y se traslada a Roma para continuar su labor. Finalmente, regresó a su país natal debido a problemas cardiacos. De ella podemos decir que se santificó en su trabajo viviéndolo como un sitio de encuentro con Jesús.

Concepción “Conchita” Cabrera de Armida, quinta mexicana en ser elevada a los altares, nació en San Luis de Potosí en 1892. Falleció en 1937 en Coyoacán, Ciudad de México.

Fue beatificada el 4 de mayo de 2019. Con 21 años, se casó con Francisco Armida y tuvieron nueve hijos. Enviudó en 1901. Siguió siendo laica. Fundó el Apostolado de la Cruz en 1895; en 1897 las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, comunidad de religiosas de semi clausura en vida contemplativa; en 1914 los Misioneros del Espíritu Santo, sacerdotes religiosos.

Sus biógrafos cuentan que escribió más libros de teología que santo Tomás de Aquino sin haber estudiado teología.

Dos mujeres laicas que dedicaron gran parte de su vida y su tiempo al servicio de la Iglesia y a las mujeres necesitadas. Llama la atención que ambas fueron beatificadas en el año 2019. El papa Francisco resaltó en ellas el aspirar a la santidad de la normalidad de la que tanto necesita hoy el mundo y la Iglesia.

El gran reto para todas es buscar ‘referentes’ dentro de la Iglesia, en la familia, en el entorno, en la comunidad eclesial. Una llamada a las mujeres para asumir el rol de buenas consejeras tan necesario en estos tiempos.