Mujeres vestidas de blanco.
P. Joan Rovira sj.
He vivido muchos años en Santiago de Cuba, pero últimamente he sido destinado a La Habana.
En las visitas relámpago que, de tarde en tarde, tenía que hacer a la capital, me sorprendía la presencia de una que otra mujer vestida de blanco. Pero ahora, desde que estoy en La Habana, es diaria para mí la constatación de esta clase de presencia.
Me refiero, claro está, a las mujeres que, por razones religiosas, van de la cabeza a los pies con prendas de este color. Tengo que reconocer que me impacta su destello de nieve. Es como si formaran parte del paisaje urbano.
Siempre que las veo, suscitan mi curiosidad. Me llaman la atención tanto si son jóvenes, como si no lo son; tanto si son de color, como si son mulatas o blancas. Pero lo que más pica mi curiosidad es saber cuál es el motivo que las ha llevado a optar por este camino y qué es lo que llevan en su corazón.
A veces, me entran ganas de abordarlas cariñosamente para preguntárselo. El hecho de manifestar públicamente su propósito con sus atuendos, podría justificar que, en plena calle y siempre educadamente, pudieran ser sometidas a una averiguación en este sentido. Pero como suele decirse: “¿quién le pone el cascabel al gato? ”
De momento, renuncio a convertirme en el entrevistador público de las mujeres vestidas de blanco.
Pero se me ocurre que tal vez tenga sentido imaginar lo que desearía que hubiera allá, en lo más recóndito de cada una de ellas. A falta de datos tangibles obtenidos de primera mano, podría substituirlos por buenos deseos.
Por mi parte, creo tener algo en común con ellas, y es una cierta visión religiosa de la vida. Esto es lo que me da pie para mi atrevimiento.
Empecemos ya. Yo quisiera que todas optaran por este camino no por ser una moda del momento, ni por mostrar que pertenecen a una condición social capaz de pagar los elevados gastos que supone hacerse santa, ni por presión familiar o ambiental.
Yo quisiera que abrazaran este camino no únicamente para solucionar problemas económicos, de salud, de pareja, o problemas que amenazan la estabilidad familiar.
Yo quisiera que eligieran este camino porque para ellas ha sido, hasta el momento, lo único que les ha impulsado a crecer como personas; porque los ritos, los orishas, los collares y todos los otros elementos que componen este tipo de religiosidad les van acercando cada vez más al Dios misterioso, que parece estar lejos de nosotros, pero que vive dentro de nosotros y nos ama de un modo inimaginable.
Yo quisiera que estuvieran siempre presentes en ellas las actitudes más nobles que embellecen al ser humano como son: la sinceridad, la generosidad, la libertad de espíritu, el deseo de buscar siempre lo mejor, la apertura hacia el otro y hacia Aquel que nos trasciende totalmente.
Les deseo todo esto y mucho más, porque es también lo que deseo para mí mismo.
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