La adolescencia, edad difícil
Por: Eulalio Sosa
Comienza el período vacacional pero las opciones no son muchas, además de los altos costos para entrar en una discoteca, etc. Si a ello unimos las dificultades inherentes a esta edad donde no son niños pero tampoco adultos, los padres también sienten la imposibilidad, a veces, de poder dialogar con ellos.
El objetivo de este trabajo es dar pequeñas pautas que puedan ayudar en ese precioso tiempo libre que ellos tienen y que debe servir para recobrar fuerzas, alegrías, esperanzas.
Como premisa encontramos la necesidad del orden que debe existir en la vida de todo adolescente y ello es válido para este período. Lo que más formación da a la mente es el trabajo con un fin; cada actividad debe tener una meta además de la alegría que puede proporcionar, por ejemplo, el compartir con amigos, enriquecer la cultura a través de visitas a museos, galerías y películas escogidas, entre otras. Podríamos señalar como una opción más las películas que oferta el Centro Cultural Félix Varela. La playa es otra elección pero sin ingerir bebidas alcohólicas que solo dañan. Todo ello no debe ser una orden para ser acatada sino una disposición determinada, que se logra a través del diálogo y explicaciones. Sobre estas bases ellos podrán conformar su período vacacional.
Es importante no sentir lástima por los hijos porque los hacemos caer en el caos; hacerlos valerosos, dispuestos, debe ser nuestra premisa y enfatizarles que maduran mediante el logro de metas.
Para ello debemos:
Sugerirles ideas para que tengan la oportunidad de poder realizar acciones que estén a su alcance y al nuestro, de acuerdo a los recursos que contamos. Estos planes deben ser interesantes y propiciadores de energía y concentración.
Orientarlos para que se comprometan y lo ejecuten exitosamente.
Dialogar inmediatamente que concluya la actividad para que se den cuenta si en realidad valió la pena lo realizado.
Los adolescentes nos están pidiendo libertad. Ello ocurre desde la etapa de la niñez y hay que darles oportunidad. Debemos convertimos en asesores; ellos deben entender que no estamos tratando de robarle su juego. Tampoco debemos moralizar, lo importante es enseñarles a evaluar su propia conducta, que él o ella sean los que comprendan si lo que están haciendo es lo mejor o hay otras alternativas.
En resumen, es imprescindible invitar al adolescente a pensar y que él solo vaya sacando conclusiones. Tal vez, mediante preguntas que no parezcan juicios podremos conversar como amigos.
A los adolescentes se les debe presentar retos sanos y fuertes para que pongan en práctica sus habilidades y no busquen esos desafíos fuera de las normas sociales.