Queridas hermanas:
Un nuevo trimestre ya se avecina y con entusiasmo, a pesar de las dificultades, las invitamos como mujeres que somos a profundizar en nuestra fe que nos llena de esperanza y caridad en el servicio con los demás, y nos ayuda en nuestro compromiso misionero para seguir en marcha en nuestra fidelidad al mensaje, en el discernimiento evangélico, en la honestidad en las intenciones y en nuestra conducta coherente.
Comienza un nuevo periodo de vacaciones. Es inevitable que como madres, abuelas o vecinas asumamos la obligación y preocupación que conlleva esta etapa de descanso escolar. Ello es una buena oportunidad para dedicarles el mayor tiempo posible a los más jóvenes de la casa y enseñarles con profundidad los valores cristianos en familia, aprovechando todos los espacios para enriquecerlos como personas. Nos quejamos de la pérdida de valores en nuestra sociedad y, en ocasiones, angustiados por el peso que conlleva el tenerlos todo el tiempo en casa, olvidamos aquello que tenemos a nuestro alcance para la realización de una valoración cristiana de nuestra realidad.
Ayúdanos, Señor, como mujeres de esperanza a persistir, a realizar todo nuestros esfuerzos en aras de la evangelización de nuestro pueblo, confiando en que tú llevarás a término toda buena obra que se inició en tu nombre.
En el editorial de este trimestre encontramos invitaciones muy acertadas; de ellas tomo tres: valoración cristiana de nuestra realidad, profundizar en nuestra fe, y discernimiento evangélico. Creo que este trinomio está muy bien articulado puesto que observar nuestra realidad y discernir en conjunto nos permite, entre otros aspectos, profundizar en nuestra fe y dar razón de ella coherentemente. (leer)
Los teatros en Cuba no solo son edificios con tradición donde se resumen acontecimientos y épocas, son parte del desarrollo cultural de la nación. La historia, cultura y las arquitecturas muy peculiares de estos escenarios que tuvieron a figuras significativas de la arena internacional y local, hacen de estos gigantes hijos ilustres de nuestra amada villa de San Cristóbal de La Habana.
Aunque la historia del teatro, edificaciones, lugares y obras representadas pudiera remontarse al lejano ya en la memoria 1598 cuando en una barraca construida en las cercanías del Castillo de la Fuerza se representara la comedia “Los buenos en el cielo y los malos en suelo”, pretendo en este trabajo abordar la impronta de algunos ya desaparecidos y otros renovados.
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Yo vivía con mi esposo y mis hijos en la ciudad de Tiberíades, a orillas del lago de Galilea. Mi esposo era pescador y yo le ayudaba a vender el pescado en las orillas del lago y por las casas. Teníamos nuestra clientela. Pero después del último parto nunca me pude recuperar. Hacía doce años que comencé a sufrir hemorragias vaginales, perdía sangre con frecuencia.
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