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La ansiedad

Por: Mirtha Romero

Resulta sorprendente comprobar el número considerable de personas que padecemos de ansiedad. En muchas ocasiones experimentamos síntomas “extraños” y no sabemos si lo que nos ocurre es normal o si debemos preocuparnos y buscar soluciones o cambiar de actitud.

La ansiedad es parte de la condición del ser y tiene mucho que ver con la supervivencia, el miedo, la tristeza o la felicidad; está muy relacionada con la palabra, tanto las que nos decimos a nosotros mismos como las que les decimos a los demás. Lo que te dices a ti mismo tiene mucha importancia para controlar tu ansiedad. Está comprobado que en una situación concreta, lo que nos decimos puede transformar los pensamientos negativos y catastróficos en otros más realistas que nos ayudarán a ver y vivir la situación con menos angustia y más serenidad.

Propiamente la ansiedad es una acción de angustia por lo que se espera; se manifiesta de muchas formas: malestar en el estómago, sudores repentinos, tensión muscular, temblores en las manos, movimientos involuntarios con los pies, y otros. Pero…¿cómo controlar la ansiedad?

Ya señalamos que la palabra tiene una enorme influencia en cómo pensamos, a qué aspiramos y cómo actuamos. Las palabras son como pequeños senderos que nos conducen a los lugares de placer o de dolor, por ello debemos cuidar mucho de ellas.

¿Cómo decir a un corazón enamorado que se quede quieto, esperando pacientemente por las preguntas sin respuestas?

¿Cómo calmar a una madre cuando a cada instante siente la ausencia de un hijo?

¿Cómo pedir a un ser humano, sea quien sea, que no esté ansioso ante un pronóstico de enfermedad o ante la enfermedad misma?

La ansiedad nace con el hombre y como jamás podremos dominarla del todo tenemos que aprender a convivir con ella y para ello están ahí los pensamientos con los que logramos darle órdenes a la mente con frases creíbles para nosotros y para los demás. Por ejemplo:

1. Antes de enfrentarnos a una situación, debemos pensar:

 “Intentaré estar tranquila y así será”.
 “Todo va a ir bien”.
 “Esto pasará y pasará bien”
 “Me acordaré de respirar profundamente”.

2.Durante la situación:

 “Me quedo aquí tranquila y no pasa nada”.
 “Intentaré relajarme”
 “La ansiedad está pasando”.

3.En el momento de máximo nerviosismo:

 “Esto no va a durar siempre”.
 “No intento suprimir el miedo, hasta que lo pueda manejar”.
 “Si consigo superar esto, la próxima vez será más fácil”.
 “He pasado por situaciones similares y, al final, nunca pasa nada”.

4.Cuando todo ha pasado:

 “Ya la próxima vez será más fácil”.
 “Lo he conseguido, ahora me siento más fuerte”.
 “Me acordé de utilizar la respiración para relajarme”.
 “Finalmente pude controlar la ansiedad y realmente no pasó nada grave”.

Estas frases presentan algunas sugerencias; cada cual puede crear las suyas, según las circunstancias. Finalmente, comparto con ustedes algunos consejos que he practicado en muchos momentos de mi vida para calmar la ansiedad:

 Respeten todas las formas del saber que lleguen a sus vidas, todas tienen un por qué.

 Aunque al principio no lo parezca, piensen que muchos problemas contienen sus propias soluciones cuando los entendemos bien.

 Presten atención a la diferencia de pensamientos, recuerden que cada persona posee su modo único de construir la realidad.

 Practiquen una actitud de gratitud, generosidad y, sobre todo, de perdón; ello proporciona tranquilidad.

 Recuerden que discutir no es uno de los medios más eficaces para hacer que alguien cambie de opinión.

 Eviten, cuando les sea posible, a las personas que impulsan pensamientos negativos y a los que solo ven las manchas y no la luz.

 Para cambiar lo que sienten, cambien lo que hacen.

 Aprendan siempre, intenten descubrir algo nuevo cada día; ello engrandece al alma y satisface el intelecto.

 Estén siempre listos para sonreír al segundo siguiente; dejen que se les note en la cara la sonrisa.

Al darles estas sugerencias, no pretendo que la ansiedad como síntoma desaparezca; ello no ocurrirá fácilmente pues la sufrimos más del 50 % de la población mundial. No obstante, parafraseando al famoso escritor Pablo Cohello, decimos:

”La gran sabiduría de la vida es entender que podemos ser los amos de las cosas que pretendían esclavizarnos”.