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La Hora de ser prójimo entre nosotros mismos


Por: Antonio Miguel Fontela

 

Atravesamos otro período muy difícil de nuestra historia, del cual no sabemos cuánto durará y este desconocimiento trae como resultado el aumento de los malestares.

Existimos entre colas, colados, empu-jones, guaguas que demoran, artículos que se agotan a punto de adquirirlos, dependientes que maltratan a los clientes, vendedores que falsean los precios, calidad deficiente de la mayoría de lo ofertado, medicamentos que escasean, apagones… y ese conjunto de elementos adversos hace que las personas se tornen agresivas, sin percatarse del cambio de carácter.

Urge ahora mantener un comporta-miento propio de seres racionales en una sociedad que sufre. Si aplicáramos, por ejemplo, el sencillo principio de NO COLARSE, NO COLAR, ayudaríamos a disminuir el desorden junto con los malestares que nos rodean y estaríamos adaptando a nuestro quehacer diario lo aconsejado por Jesús: Amarás al prójimo como a ti mismo. La vulgaridad generalizada, acompañada con palabras obscenas de nuevo tipo, escoltadas por frases cortas que intentan ser ocurrentes sin dejar de ser ácidas, dan muestras de un desequilibrio emocional de la sociedad que afecta a todos sin excepción. 

A cada paso corremos el riesgo de perder nuestra condición de persona (homo sapiens sapiens) para metamorfosearnos en un engendro a medio camino entre gente y bestia, que continúa siendo humano por fuera pero por dentro ocupa una posición arcaica en el Reino animal, allá en donde tal vez se localice el Hombre de Neanderthal; si anterior, un cuadrúpedo o, incluso, si continuara el retroceso, un protozoo.

Mucho se ha escrito sobre el tema de la buena conducta y de la educación formal. Sin embargo, tales normas se olvidan en los momentos más espinosos de nuestra vida y es ahí, precisamente, cuando debemos ser prójimo. A continuación se brinda un resumen de tales normas, tomadas de un manual de educación formal:

• Se debe procurar hablar correctamente y con claridad.

• Es necesario hablar con un ritmo adecuado. Es incorrecto hacerlo con prisa o desesperante lentitud.

• No gesticular o hacer movimientos exagerados.

• Se debe evitar asumir actitudes poco respetuosas cuando alguien nos habla tales como: desviar la vista, mirar el reloj insistentemente, leer, escribir o cambiar sonrisas o señas con otros.

• En las discusiones, conviene defen-der correctamente las ideas, sin apasionamientos. La serenidad contribuye a que las personas se entiendan mejor. Cuando es nuestro interlocutor el que incumple esta norma, debemos ser tolerantes.

• Se ha de dominar los arrebatos de ira. Educar el carácter es parte esencial de la educación.

• Al llegar, se debe saludar a las personas de la cola y preguntar con claridad quién es el último.

• Escuchar en silencio, con atención y sin interrupciones, a la persona que nos habla. No se debe mostrar impa-ciencia, aun cuando se tenga una repuesta inmediata.

• La atención al interlocutor y el respeto a todos los presentes se mani-fiesta a través de la postura adoptada. Si hacemos vagar la vista, nos balanceamos o realizamos acciones que denoten impaciencia, daremos una demostración de poco interés y de falta de educación.

• Manejar la voz es muy importante. No es nada grato mantener una con-versación con quien hiere los oídos. Escuche, observe y verá lo inadecuado y reprobable que resulta expresarse a gritos con el fin de ser atendido.

• Jamás gritar en lugar de hablar. El que grita confiesa el fracaso de hacerse oír. El grito trae el insulto y la falta de respeto.

• Nunca suponer qué quieren decir los demás.

• No pensar y juzgar automáticamente. Seguir un esquema mental preconce-bido, derivado de un equivocado aprendizaje condiciona una respuesta de contraataque (la agresividad se destaca).

• Nunca hablar de varias cosas a la vez. Cuando se discute no introducir ele-mentos que alejen del motivo principal. Muchos temas transforman la discusión en pelea.

• Jamás discutir tonterías. Sea claro, preciso, específico. No vale la pena amargarse por cosas intrascendentes.

• Prohibido traer a colación rencores pasados, dar riendas sueltas a la amargura sin base; burlarse, amenazar, manipular.

Convencer, conseguir colaboración, entendimiento, tolerancia son metas en una conversación. No es triunfar ni humillar a la otra persona.

En estos momentos de tanta tribulación acumulada en el pueblo, nos ha llegado la hora de ser prójimo entre nosotros mismos.



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