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Ángela Álvarez, la cantante cubana de 95 años ganadora del Grammy Latino

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Un empeño de amor
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El verdarero sentido de la Navidad.

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Cada vez más, hombres, mujeres, familias, abandonan sus países con la esperanza de suplir necesidades de diversas índoles, atendiendo a sus res- pectivas circunstancias.

Cuba no se encuentra exenta de esta realidad. Por ello, resulta importante señalar que antes de los años sesenta, nuestra patria era un país de acogida donde aquellos que llegaban optaban, en muchos casos, por permanecer en él e integrarse a la sociedad pero la realidad ha cambiado; durante seis décadas hemos estado viviendo y sintiendo lo que significa emigrar y dejarlo todo del otro lado. La emigración nos marca, nos sacude, nos desangra.

A lo largo de todos estos años de éxodo, los laicos en nuestras comunidades han tenido que afrontar disímiles desafíos y asumir la misión, pese a todo, con entereza porque Dios nos concede siempre fuerzas para seguir. Él está con notros y sufre con nosotros. Él es nuestra esperanza.

Yo siento que la esperanza sin que sepamos cómo se auto revitaliza, se reconstruye y poco a poco se levanta del golpe que ha intentado derrotarla, dispuesta una vez más a invocar la luz.

En Dios, que es amor confiamos.


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Desde que Dios decidió enviarnos a su Hijo Jesús se hizo más visible y concreto su amor hacia todas las generaciones. Jesús, nacido en un pese- bre, perseguido desde su nacimiento, inmigrante, calumniado, preso, azotado y crucificado, vino a decirnos que Dios, Padre nuestro también, nos proponía vivir amando al Padre sobre todas las cosas y amando al prójimo, sin dejar de lado el amarnos a nosotros mismos. Debe quedar claro que Dios nos amó primero. (leer)




Recientemente, en medio de esta vorágine en la que se ha convertido nuestra existencia, pensé en el tiempo y en todo lo que este vocablo encierra en nuestro paso por la vida.

Para muchos el tiempo es la cantidad de horas que tiene el día, otros lo miden por lo acontecido en una semana, mientras que otros lo resumen en cómo le fue en un año. Y siempre hay quien dice: “no sé, pero antes el tiempo me alcanzaba para todo”. (leer)




Qué vergüenza para para mí, aparecer por primera vez en el evangelio de Mateo como una mujer ambiciosa pidiendo los primeros puestos para sus hijos, pero qué hubieran hecho ustedes. Todas las madres quieren lo mejor para sus descendientes. Mi petición no era descabellada. Poco antes, había oído comentar que Jesús había prometido doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel a los doce apóstoles, que él había elegido para que estuvieran con él y predicasen.

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