La Vida Cambió
Por: María Amelia González
En marzo del 2020, nunca imagina-mos que la vida iba a cambiar tan drásticamente; pensábamos que la epidemia iba a despertar sentimientos de solidaridad, amor, esperanza y valoración de la familia, los pequeños detalles y la vida, pero la realidad nos golpeó con más desapego, egoísmo e indiferencia.
Los animales nos demostraron el daño que le hacia el mundo moderno y civilizado a la madre naturaleza pero ni así entendimos el mensaje que ya el papa Francisco nos había alertado en Laudato sí. Deseábamos que el 2021 llegase me-jor pero fue más cruel y catastrófico. Solo las vacunas trajeron una luz de esperanza pero continuaron las gue-rras, las injusticias y la desigualdad, en fin, más de lo mismo multiplicado con mayor incertidumbre.
Muchos buscaron mecanismos esperanzadores en las redes donde pululaban mensajes de todo tipo. En familia y comunidades fue un aliciente la creación de grupos de watssap que brindaban en los peores momentos informaciones de aliento pero también, como en botica, hubo de todo un poco, desde anuncios escatológicos hasta pronunciaciones de odio y desanimo.
El teletrabajo fue, a mi juicio, positivo igual que las compras en línea y la prestación de servicios a domicilios aunque no en todos los casos funcionaron favorablemente, sumándole a ello la falta de preparación, entrena-miento y carencia de medios.
En la docencia, se orientó e intentó cubrir vacíos académicos sobre la base de la modalidad no presencial y en el plano eclesial fue válido la creación de nuevos grupos de oración y acompañamiento e, incluso, participar en misas virtuales. Todo ello nos sustentó y ayudó a crecer en la fe.
Con el 2022 arribó el ordenamiento o desordenamiento, las tiendas en MLC, la inflación y tantas cosas que cayeron de golpe desajustando nuestra vida. Esas lluvias trajeron lodos de desigualdad, carencias y descontento. La desesperanza se apoderó de muchísimos cubanos y afloraron, aún más, inclementes, el egoísmo, el engaño, la falta de escrúpulos, el lucro, la envidia, el odio y todas las maldades, como si hubiésemos abierto la caja de Pandora.
La vida cambió y la esperanza de que la humanidad fuera mejor se desvaneció. La confianza e incluso la fe se tambalearon en alguna medida.
Hoy, a tres años de ese momento de quiebra, solo nos queda poner la confianza en Dios y la esperanza en la intercesión de su madre la Virgen Santísima para poder leer en esas líneas torcidas la escritura de amor y esperanza que Dios nos muestra cada día.