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¿LA ESPERANZA ESTÁ CON NOSOSTROS?


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

Desde que Dios decidió enviarnos a su Hijo Jesús se hizo más visible y concreto su amor hacia todas las ge- neraciones. Jesús, nacido en un pese- bre, perseguido desde su nacimiento, inmigrante, calumniado, preso, azota- do y crucificado, vino a decirnos que Dios, Padre nuestro también, nos pro- ponía vivir amando al Padre sobre todas las cosas y amando al prójimo, sin dejar de lado el amarnos a noso- tros mismos. Debe quedar claro que Dios nos amó primero.

Jesús con su pasión, muerte y resu- rrección selló su alianza de esperanza para la humanidad que andaba errante como oveja sin pastor. Su resurrec- ción es el camino de Esperanza.

La vida ha cambiado extraordinaria- mente en estos tres últimos años. Y no podemos decir que solo hemos sido espectadores de tantos acontece- res. Hemos sido, cada uno de noso- tros, miembros activos de impensadas realidades de vida. Podemos mencio- nar algunas de ellas: la Pandemia de la COVID-19, el actual brote de den- gue, la difícil situación económica que mucho golpea a la familia cubana desde tantos puntos de vista, y todos sabemos a qué nos referimos y el éxodo de tantos jóvenes y no jóvenes en busca de proyectos de vida que garanticen el presente y el futuro per- sonal y familiar.

Y por si esto fuera poco, se nos aña- dieron los inesperados desastres del Hotel Saratoga en La Habana y la explosión de los súper tanqueros en Matanzas, donde perecieron personas valiosas cuyas pérdidas desgarraron a sus familias y al pueblo en general. Y qué decir del paso del huracán Ian que azotó con furia la provincia pina- reña, destruyendo todo cuanto tenían los afectados. A simple vista, todo ello, tal vez, puede reconocerse como un gran signo de calamidad, de aplas- tamiento, de ahogo.

La desesperanza ha ensanchado su campo pero San Pablo nos dice: “la esperanza se produce cuando soportamos en medio del sufrimiento” (Romanos 5:2-5).

Estas vivencias adversas nos han he- cho sacar fuerzas de dónde quizás pensábamos no tenerlas y crecer, a las buenas o a las malas, y aunque no lo veamos, en el interior de todo ello hay una gran gracia y nos toca descubrirla, para que se convierta en salvación para todos, en esperanza, que es el rayo de sol mañanero que deseamos distinguir cuando abrimos los ojos cada día.

Paralelamente a toda esta dura reali- dad en la que estamos inmersos, venía ya caminando la convocatoria del papa Francisco a toda la Iglesia Universal para recorrer el camino de la Sinoda- lidad. Lo propuso con el ardor de un enamorado convencido de que ha escogido lo mejor.

¿Qué es el camino sinodal, qué es vivir la sinodalidad?. No es otra cosa que un estilo de vida, una invitación a caminar juntos creyentes y no creyentes, un camino de diálogo y escucha, un camino de participación, comunión y misión, un camino de amor y de es- peranza.

De dónde nace la Sinodalidad, pues la respuesta es tan clara como el agua. Desde el Génesis vemos que la historia de la Salvación es un camino en el cual Dios marcha con nosotros y Jesús nos aclara con su Palabra y el testimonio de su vida cuál es el estilo de ese camino: “A mar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39).

La palabra Sinodalidad nos resulta nueva pero cuando conocemos su significado, nos damos cuenta de que ya la estábamos viviendo. En el sentido cristiano, la palabra denota el camino común de las personas que creen en Jesucristo, que se ha revelado como "el camino", y más precisamente como "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).

Después de conocer el camino Sinodal, volvamos a releer lo acontecido en estos tres años donde hemos mirado y escuchado el clamor del pueblo, siendo cada uno de nosotros parte de él, y tomemos conciencia de los valo- res que naturalmente hemos compar- tido y que nos han acompañado en este caminar. Cuánto hemos orado y extendido la mano a tantos necesita- dos de consuelo, de ánimo, de espe- ranza, cuánto hemos llorado con tantos sufrimientos, cuánto bien hemos reci- bido y cuánto bien hemos compartido.

Y continuamos entregándonos aunque a veces nos parezca que estamos arando en el mar. Jesús no aró en el mar, nosotros tampoco.

No existe un mensaje más grande que el mandamiento del Amor. No hay mejor propuesta que esta. El papa Francisco dijo el domingo 12 de junio de 2022, Solemnidad de la Santísima Trinidad que: “la Trinidad nos enseña que no se puede estar nunca sin el otro”, por lo que invitó a “testimoniar en la vida el misterio de Dios-Amor”.

En estos tiempos, me ha ayudado mucho cantar el estribillo del himno del Movimiento de Mujeres Católicas cuya mística nos llena de esperanza, este es:

Levántate mujer cristiana, levántate, hija de Dios para darle a tus hijos mucha fe y mucha esperanza y el gran regalo del amor de Dios.

Nuestro himno es un canto a la sino- dalidad, es un camino de esperanza. El contenido nos invita a levantarnos como mujeres cristianas, a no dejarnos caer por nada ni nadie. Nos recuerda que somos Hijas de Dios, invitadas a caminar con los otros y dar mucha Fe, mucha Esperanza y compartir el gran regalo del Amor de Dios.

La definición bíblica de esperanza es "expectativa segura". La esperanza es una firme seguridad con respecto a las cosas que no son claras y desco- nocidas (Romanos 8:24-25; Hebreos 11:1, 7). Junto con la fe y el amor, la esperanza es una virtud perdurable de la vida cristiana (1 Corintios 13:13), y el amor nace de la esperanza (Colosenses 1:4-5). La esperanza produce gozo y paz en los creyentes a través del poder del Espíritu (Romanos 12:12; 15:13).