Los modales: un problema de todos
Por: Caridad Zayas
“Una respuesta amable calma la furia, una palabra hiriente hace que aumente la cólera.” Proverebio 15,1
Muchos observamos con preocupación cómo en nuestro país se van perdiendo los buenos modales. El modo de relacionarnos se va deteriorando sensiblemente.
Comportamientos inadecuados pululan en nuestras calles: gritos, groserías, escándalos, palabras soeces se hacen presentes, cada vez con más fuerza, en nuestro día a día y ello va incidiendo negativamente en nuestras relaciones interpersonales, en nuestra convivencia con los otros, en nuestro desempeño como personas educadas puesto que los buenos modales son comportamientos que denotan consideración y respeto hacia el otro. Su puesta en práctica asegura una vida más agradable y menos violenta.
Por ello, la urgencia de reconocer y aplicar normas conductuales que muestren educación y cortesía con vistas a ser un modelo positivo para las generaciones venideras.
Para el logro de este empeño, la familia, en primer lugar, la escuela y los medios de comunicación tienen un papel pre-ponderante ya que la enseñanza y el ejemplo son determinantes en el logro de este propósito.
Saludar, despedirse, expresar gratitud, pedir disculpas, ofrecer ayuda, colaborar, entre otras, son acciones que deben inculcarse desde el hogar, en edades tempranas, en aras de generar hábitos correctos, además, enseñar cómo comportarse cuando se forma parte de un grupo de personas. Sin lugar a dudas, con nuestro propio proceder hacemos realidad la cita bíblica:
“Muéstrele al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez” (Prob 22,6.)
Somos seres sociales, lo que precisa educar en valores para la convivencia y en esto la escuela es fundamental.
Toda educación debe tender hábitos que hagan posible el vivir en sociedad e insistir en la práctica de modos de actuación pertinentes en todo momento y en cualquier circunstancias.
Por su indiscutible impacto social, esta temática nos atañe a todos pues normas de coexistencias amables y respetuosas nos hacen mejores personas.
La televisión, la radio y las redes sociales deben con más sistematicidad ocuparse de esta materia y trazar estrategias de trabajo para el diseño de programas en los que de manera inteligente y creativa aflore la reflexión y el análisis al vernos reflejados. No bastan los spots.
Estamos llamados a ser mejores ciudadanos, a respetar la dignidad de los otros, a construir una sociedad mejor donde predomine la armonía y el orden. Para alcanzar esta meta, entre otros aspectos, se impone el fortalecimiento de la educación en el hogar y el aprendizaje constante del protocolo de buenas normas.