Su Santidad el
Papa Juan Pablo II, en su Carta de Fundación del Consejo Pontificio
para la Cultura dijo que la "síntesis de la cultura y de la fe
no es solamente una exigencia de la cultura sino también de la fe"(…)
Sobre estas condicionantes surge la configuración de los Centros Culturales
Católicos(…)
La función de los Centros Culturales Católicos se torna aún más compleja
al tener una misión de compromiso laical proyectada fuera de sí pero
a veces también introspectada, pues de hecho, a pesar de la identificación
manifiesta del grupo con la Iglesia a la cual sirve, no siempre su dedicación
apostólica o confesional se explicita claramente dado que su composición
es altamente heterogénea, lo cual particulariza el protagonismo de su
función que es, como se ha dicho, la funcionalidad del diálogo.
Sobre estos presupuestos surge en 1990 el llamado entonces Centro Arquidiocesano
de Estudios, respuesta inmediata al programa pastoral para la cultura
trazado en el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) celebrado en
Cuba en 1986 y que decidiera una acción más enérgica y audaz, consonante
con la realidad de la nación; acción de una Iglesia orante, encamada
y evangelizadora(...)
Acogido a su seno y por el prestigio en ganancia ofrecido, se organiza
el Centro de Estudios por la necesidad de un grupo de personas, de confrontar
ideas y proyectos en un espacio alternativo a la oficialidad. Creyentes
o no creyentes, ideológicamente comprometidos o no, establecen los puentes
de entendimiento y empatía a partir de una misma carencia y, por tanto,
vital necesidad de coexistencia intelectual en un espacio abierto, tolerante
y sobre todo, respetuoso de criterios y sentimientos(…)
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